viernes, 5 de noviembre de 2010

Homenaje a Lewis Carroll


Hablemos de una historia acerca de un absurdo partiendo de solo una palabra: Vocación.

Básicamente todas las carreras la requieren. Nadie pretende ser arquitecto sin imaginación espacial. Habría que ser muy idiota para intentar ser abogado odiando leer. Es muy difícil ser ingeniero sin aptitud matemática o curiosidad innata.

Así podemos seguir enumerando muchas habilidades necesarias para estudiar prácticamente cualquier cosa: vocación para servir, paciencia, dedicación, tolerancia, interés, pasión o sea cual sea la habilidad necesaria para un campo en particular.

Sin embargo, en Chile ocurre un fenómeno muy particular. Una, de entre todas las carreras, es mirada en menos. No es una carrera técnica, no una carrera aburrida, tampoco una muy complicada. No tiene razón, ni pies ni cabeza, pero es la escoria de la sociedad quienes estudian educación.

Sin ánimos de insultar a nadie, simplemente veamos un poco como ocurre esto en este país. El puntaje de admisión es el más bajo en prácticamente todas las universidades (Educación cerró en 605.60 puntos en la Universidad de Chile, Pedagogía básica en la Universidad Católica cerró en 614.50, más de 7 puntos más bajo que la que le sigue, música. Y finalmente, párvulo, que cerró en 580.30).

¿Qué dice de un país en que la gente que peor rendimiento académico obtiene es quien se encarga de educar a sus pares? ¿Cómo puede ser que ser profesor sea mal visto? Desde parvularios hasta catedráticos universitarios, de ellos depende la formación de las futuras generaciones. ¿Deben ser los peores?

Quien se encarga de la educación de un niño es quien tiene la oportunidad de desarrollar su potencial al máximo. Todos los profesores tienen la facultad de influenciar a sus alumnos de una manera prácticamente irremediable. Un joven decide en gran parte lo que quiere estudiar y ejercer a lo largo de toda su vida de acuerdo a cómo se le enseñó a su vez.

Como dijo el destacado biólogo Stephen Jay Gould en la dedicatoria de "El pulgar del panda" a su profesor de primaria: "Un maestro nunca sabe hasta donde llega su influencia".

¿Queremos que las cosas sigan así? ¿Queremos que la educación pública sea decadente? ¿Queremos que los profesores reciban sueldos irrisorios? ¿Qué quienes se preparen para ello sean por descarte y no por vocación?

Desafío a cualquier persona que lea esto a enfrentar una clase de séptimo básico durante un mes a ver si no pierde el juicio. Una persona que elige eso claramente tiene vocación y una muy particular. Quienes lo eligen debieran ser respetados por ello y tratados como merecen.

Desde niño escucho como este país está “En vías de desarrollo”. Se trata de progresar por medio de la economía, a través de sistemas de transporte eficientes, vanguardia tecnológica, adquisición de armamento militar y tratados internacionales.

¿Y la educación?

Podemos resumir Chile y su relación con la educación como un precioso homenaje a Lewis Carroll y su obra "Alicia tras el espejo".

miércoles, 27 de octubre de 2010

Ignora y sonríe


Recuerdo todas las noticias que pasaron desapercibidas durante la Copa del Mundo. Una parlamentaria dio a luz en plena sesión de congreso, completamente hilarante. Murió el premio Nobel de Literatura José Saramago, que pasó sin penas ni glorias. Noticias que se ven aplacadas por un evento que sucede cada cuatro años y que absorbe tanto interés que muchas cosas importantes pasan a segundo plano. Así es como son las cosas en este momento. Hablando como hombre, me gusta ver la Copa del Mundo y son unas cuantas semanas en que mi interés se focaliza completamente en esa actividad dejando muchas de lado. Me declaro culpable.

Sin embargo, también hay otras historias que atrapan mi interés, y al parecer no solo el mío. Recuerdo cuando me enteré de pasada que unos mineros quedaron atrapados en una mina en el norte. Fue algo a lo que no le di mucha importancia en un principio hasta que me di cuenta de lo grave de la situación. 33 personas quedaron atrapadas en el derrumbe de la mina San José, con escasas probabilidades de sobrevivir. A medida que pasaba el tiempo, más desesperante era la situación al ver la angustia de las familias a la espera de buenas noticias y como bajaba cada vez más la esperanza de encontrarlos con vida.

Hasta un domingo en particular. Recuerdo haber estado almorzando con mi familia frente al televisor a la espera de la noticia. Se había filtrado el rumor esa misma mañana de que se escucharon sonidos provenientes del fondo de la mina pero nada se había confirmado por los medios oficiales. Fue una explosión de alegría ver salir ese papel con el ahora tan famoso mensaje que traía tranquilidad y emoción a tanta gente. Ese es el inicio de una historia muy particular.

Con los días vimos como todos los medios trataban de mostrar la vida de estos pobres 33 mineros encerrados en condiciones inhóspitas y de todos los esfuerzos que se hacían a su alrededor para tenerlos lo mejor posible. Desde su alimentación hasta sus tratamientos médicos, la entretención que tenían, los enredos amorosos que los esperaban y todas las posibles facetas de su aventura. Hasta que se filtró el rumor que había otra noticia.

Probablemente fue a través de una radio o una de las páginas poco importantes de un diario, pero había mapuches en protesta. Una huelga de hambre al parecer sobre sus derechos a no ser juzgados por una ley antiterrorista. Algo bastante grave aunque con un fenómeno un tanto particular: No volvimos a ver algo acerca de la noticia.

¿Se terminó la huelga? ¿Fue algo esporádico? ¿Cambió el giro de los acontecimientos?

No, simplemente se decidió que no se quería publicar nada más de ellos. Usando la asombrosa historia de los mineros como señuelo, se ocultó públicamente una huelga que reclamaba los derechos de un grupo étnico a ser tratados como merecen. Recursos infinitos destinados a seguir minuto a minuto el desenlace de la historia de los mineros mientras se ignoraba un grito de ayuda.

El deber de los medios de comunicación es informar, la libertad de expresión conlleva una responsabilidad importante de ser quien muestra la realidad del país y encara lo que se quiere tirar bajo la alfombra. Es por eso que ese tipo de comportamiento es una verdadera vergüenza. La noticia de la forma de las empanadas que comerían los mineros o si les mandaría chicha o no para celebrar las fiestas patrias tuvo más presencia que un seguimiento serio y a conciencia de una huelga de hambre por motivos políticos.

Como comentó Eduardo Galeano: "La huelga de hambre de los indios mapuche en Chile ocupa poco o ningún espacio en los medios que más influencia tienen, y una huelga de hambre en Venezuela o Cuba merece la primera plana"

Sí, cuando fue la Copa del Mundo decidí ponerle más atención a esa noticia que a las otras. Pero que los medios decidan que no se publicará más acerca de algo de ese calibre porque resulta más cómodo, es una vergüenza.

Es más fácil ignorar y sonreír.

viernes, 22 de octubre de 2010

Hoy decidí que no voy a ir a trabajar


No, no estoy enfermo
Tampoco desperté con flojera
No es un signo de protesta
Ni siquiera porque odio lo que hago
Simplemente, estoy siguiendo el ejemplo

Tengo entendido que la jornada laboral en Chile es de 45 horas semanales planeando bajarse a 42. Un cálculo sencillo nos muestra que eso significa una jornada diaria de 9 horas. La gran mayoría de los trabajadores de este país debe cumplir ese horario o algún otro impuesto de manera similar. En caso que no se cumpla, se tiende a sancionar gravemente llegando al despido. Así es como funciona la cosa.

Sin embargo, tenemos un pequeño grupo de elite exento de esa condición. La cámara de diputados de este país no tiene que presentarse a trabajar. De acuerdo a la página de la cámara de diputados, "La ley orgánica del Congreso Nacional no establece sanción alguna para los parlamentarios por no asistir a sesiones de Sala". O sea, no deben presentarse para cumplir sus funciones de:

-Elaboración de leyes
-Fiscalizar actos del gobierno
-Iniciar las acusaciones políticas contra los ministros de Estado

Si, tareas no menos importantes. Sin embargo, reciben una sanción en caso que una sesión fracase por inasistencia. A todos los inasistentes se les multará con el 1% de la Dieta Parlamentaria. ¡Sí! ¡El 1%! (Equivalente a $51.614, que es el 1% de sus $5.161.415 de Dieta Parlamentaria más sus $9.198.611 de extras, pero ese es un tema para otro día) Cualquiera se daría cuenta que dicha sanción no tiene la más mínima eficacia en dichas condiciones.

Al buscar información relacionada, lo primero que encontré fue regulaciones laborales para choferes, bomberos y obreros. Da bastante a pensar que los trabajos que menos preparación requieren (al menos teóricamente) sean los más regulados mientras que los más importantes, no tienen siquiera una legislación decente. Teniendo una asignación de $1.215.060 para traslados debieran, como mínimo, presentarse a su trabajo.

Felicidades, haz llegado a Chile. La copia feliz del Edén donde quienes dirigen el país no tienen que trabajar. Donde los proyectos de ley que tratan de legislarlo son desechados rápidamente y los feriados son aprobados con velocidad record.

Así es, hoy no quiero hacer nada. No es rebeldía, es seguir un ejemplo.

martes, 24 de agosto de 2010

Líneas recuperadas de un vacío


¿Qué es el cambio?

¿Qué lo gatilla?

¿De dónde es que nace ese nimio zumbido que muestra que todo y está destruido?

Cómo es que de un momento a otro lo que era familiar parece perdido.

No es ver un progreso.

Tampoco mostrar gradualmente como se desmorona al olvido.

Es despertar una mañana con recuerdos ajenos.

Ver como murió una persona y surgió otra de entre sus cenizas.

Una enfermedad que corroe el pensamiento desde el alma en adelante.

Va conquistando cada miembro.

Ganando terreno mientras reposa el individuo.

Hasta que un día no es uno sino otro el que yace acostado.

Preguntándose quién es y cómo llegó ahí.

Poseedor de un pasado que le parece ajeno.

Escarbando en una memoria que le extraña hasta encontrar los momentos esenciales.

Los personajes ahí habitan.

Los culpables.

Quienes jugaron su pequeña parte en este plan maestro.

Quitando piedras sigilosamente.

Como si solo de un juego se tratara.

La intrincada estrategia de la que muy tarde pudo percatarse.

Los causandes de esa avalancha que transformó su destino.

No como parte de su vida.

Mas como una historia difusa que era contada a su alrededor.


Dueño de una memoria y un pasado que aún no le corresponden.