miércoles, 27 de octubre de 2010

Ignora y sonríe


Recuerdo todas las noticias que pasaron desapercibidas durante la Copa del Mundo. Una parlamentaria dio a luz en plena sesión de congreso, completamente hilarante. Murió el premio Nobel de Literatura José Saramago, que pasó sin penas ni glorias. Noticias que se ven aplacadas por un evento que sucede cada cuatro años y que absorbe tanto interés que muchas cosas importantes pasan a segundo plano. Así es como son las cosas en este momento. Hablando como hombre, me gusta ver la Copa del Mundo y son unas cuantas semanas en que mi interés se focaliza completamente en esa actividad dejando muchas de lado. Me declaro culpable.

Sin embargo, también hay otras historias que atrapan mi interés, y al parecer no solo el mío. Recuerdo cuando me enteré de pasada que unos mineros quedaron atrapados en una mina en el norte. Fue algo a lo que no le di mucha importancia en un principio hasta que me di cuenta de lo grave de la situación. 33 personas quedaron atrapadas en el derrumbe de la mina San José, con escasas probabilidades de sobrevivir. A medida que pasaba el tiempo, más desesperante era la situación al ver la angustia de las familias a la espera de buenas noticias y como bajaba cada vez más la esperanza de encontrarlos con vida.

Hasta un domingo en particular. Recuerdo haber estado almorzando con mi familia frente al televisor a la espera de la noticia. Se había filtrado el rumor esa misma mañana de que se escucharon sonidos provenientes del fondo de la mina pero nada se había confirmado por los medios oficiales. Fue una explosión de alegría ver salir ese papel con el ahora tan famoso mensaje que traía tranquilidad y emoción a tanta gente. Ese es el inicio de una historia muy particular.

Con los días vimos como todos los medios trataban de mostrar la vida de estos pobres 33 mineros encerrados en condiciones inhóspitas y de todos los esfuerzos que se hacían a su alrededor para tenerlos lo mejor posible. Desde su alimentación hasta sus tratamientos médicos, la entretención que tenían, los enredos amorosos que los esperaban y todas las posibles facetas de su aventura. Hasta que se filtró el rumor que había otra noticia.

Probablemente fue a través de una radio o una de las páginas poco importantes de un diario, pero había mapuches en protesta. Una huelga de hambre al parecer sobre sus derechos a no ser juzgados por una ley antiterrorista. Algo bastante grave aunque con un fenómeno un tanto particular: No volvimos a ver algo acerca de la noticia.

¿Se terminó la huelga? ¿Fue algo esporádico? ¿Cambió el giro de los acontecimientos?

No, simplemente se decidió que no se quería publicar nada más de ellos. Usando la asombrosa historia de los mineros como señuelo, se ocultó públicamente una huelga que reclamaba los derechos de un grupo étnico a ser tratados como merecen. Recursos infinitos destinados a seguir minuto a minuto el desenlace de la historia de los mineros mientras se ignoraba un grito de ayuda.

El deber de los medios de comunicación es informar, la libertad de expresión conlleva una responsabilidad importante de ser quien muestra la realidad del país y encara lo que se quiere tirar bajo la alfombra. Es por eso que ese tipo de comportamiento es una verdadera vergüenza. La noticia de la forma de las empanadas que comerían los mineros o si les mandaría chicha o no para celebrar las fiestas patrias tuvo más presencia que un seguimiento serio y a conciencia de una huelga de hambre por motivos políticos.

Como comentó Eduardo Galeano: "La huelga de hambre de los indios mapuche en Chile ocupa poco o ningún espacio en los medios que más influencia tienen, y una huelga de hambre en Venezuela o Cuba merece la primera plana"

Sí, cuando fue la Copa del Mundo decidí ponerle más atención a esa noticia que a las otras. Pero que los medios decidan que no se publicará más acerca de algo de ese calibre porque resulta más cómodo, es una vergüenza.

Es más fácil ignorar y sonreír.

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