domingo, 18 de diciembre de 2011

La granja de los animales

Tanto tiempo ha pasado desde que empezó esto que y ver como terminan las cosas siempre hace que uno quiera recordar sus inicios.

Fue hace meses que me dijeron que mi universidad se iba a ir a paro, un día cualquiera, cuando nadie sospechaba en lo que estábamos entrando.

Poco a poco esta bola de nieve fue tomando tamaño, arrastrando todo lo que encontraba a su paso, creciendo si parar.

Protestas como las contra Hidroaysén y Monsanto se vieron apagadas por este levantamiento estudiantil a nivel nacional, quedando de lado.

El país se levantaba, desde hace décadas que no se veía un descontento ciudadano tan masivo. Marchas multitudinarias por las calles que paralizaban el corazón de Santiago, jóvenes de todas partes exigiendo sus derechos, gente de muchos lugares e ideologías uniéndose bajo un fin común en pos del bienestar en el que creen.

Y así comenzó. Meses de incertidumbre, donde la posibilidad de una marcha asustaba a todos los que tuvieran que ir al centro, donde los destrozos crecían de forma indignante, poniéndose a duda la integridad de nuestro cuerpo de policía y sin la certeza de que iba a pasar en el futuro.

A meses de cuando comenzó y viendo en lo que se ha convertido, es momento de recapacitar sobre lo que fue, decidir si nos queda un sabor amargo en la boca o es una nueva esperanza para el futuro.

Aprendimos que este país está lleno de gente que busca herir, sin conocer la causa de donde se está metiendo ni compartir ninguna ideología en particular. Simplemente, su fin es destruir. Pero, ¿quiénes son estas personas? ¿son los estudiantes? ¿los dirigentes?

Los 'encapuchados', como siempre se les conoció. Un grupo que pareciese ser una horda bárbara que ataca sin ton ni son, de forma irracional y sin sentido. Pero nada podría estar más lejos de la verdad.

Este país nunca ha sido famoso por su justicia ni su igualdad. A lo largo de los años hay grupos que se han dejado de lado en todas ocasiones y gente a la que se le ha dado la espalda en cada circunstancia en que se ha podido. Un país que privilegia la construcción de un complejo energético por sobre el bienestar de la gente. Un lugar en el que la solución a la delincuencia es aplicar mano dura sobre quien infringe la ley en lugar de buscar ayudar a quien es criminal porque no tiene otra opción. Gente que ha sido abandonada, que ha conocido el hambre, el frío y creció arropada por la rabia que este país le generaba. Una persona que vivió toda su vida mirando en una vitrina todo lo que el resto tenía y él no.

Y ahí está, organizado en una especie de frente guerrillero, con líderes que van desde verdaderos guías hasta combatientes innatos. Ellos son los que salen a destruir, a atacar. Alimentados por la rabia que los ha seguido toda la vida, abandonados, donde siempre se les ha visto como enemigos o un problema a resolver, no como gente que necesita ayuda. Se les trata como criminales, como criminales se comportarán.

Pero no fueron los destrozos lo único que sacudió a este país. Recuerdo hace ya varios años lo que fue la Revolución de los Pingüinos, donde los escolares salieron a las calles a reclamar por sus derechos. Todos vimos como esa gran iniciativa nació y murió sin lograr un cambio concreto. La época antes de estas marchas se producían protestas todas las semanas contra algo distinto, pero este movimiento llegó para cambiarlo todo.

Recuerdo la frase de un documental: "Francia funciona así porque el pueblo no le teme al gobierno, el gobierno le teme al pueblo, porque sabe que es de ahí de donde viene su poder."

Eso es lo que aprendió Chile. Cuando nos rebelamos contra las declaraciones que las clases iniciaban, cuando enfrentamos la posibilidad de perder un semestre o un año, cuando se ignoraron las prohibiciones a marchar, este país aprendió quien tiene el poder. El retorno de los cacerolazos, las protestas, la inundación de todos los canales de comunicación, fue un recuerdo de quien tiene el poder.

No justifico para nada los destrozos que se cometieron y estoy muy en contra de muchas de las decisiones que se tomaron a lo largo de este duro proceso. Pero de lo malo siempre puede surgir algo bueno, es importante recordar quienes son los que mandan y porqué están ahí. También es importante ver que quien tiene rabia y busca destruir no es intrínsecamente malvado, simplemente está enojado porque lo abandonamos.

jueves, 24 de marzo de 2011

Ray Bradbury estaría orgulloso


Leer

Tantas veces me pregunto por qué en este país no se lee y tantas respuestas distintas me han llegado. Generalmente podemos resumirlo en que los libros son caros, ¿no? Nadie quiere pagar mucho por nada y menos por un libro.
¿Cuál es entonces la solución popular a esa medida? Eliminar el IVA a los libros para fomentarlo. Parece una buena idea, pero, ¿alguien se ha parado a pensar las consecuencias reales que eso trae?

Primero, ¿qué es el famoso IVA? Es un impuesto del 19% del coste total. Se propone que los libros serían mucho más asequible sin ese porcentaje, sin embargo, el descuento real que se haría sería de un 15.94% (debido que es el 19 sobre el 100, luego el descuento es fácilmente calculable) redondeado a un 16%. Por ejemplo, el libro Harry Potter 6 cuesta $13,150. Con el maravilloso descuento sin IVA queda en $11.046. Una ganga (léase sarcásticamente).

Ahora, si el IVA no es el problema, ¿cuál es? Pongamos el siguiente ejemplo. Una frutería vende 100 manzanas al día a $10 cada una. Si un día la gente deja de comer manzanas la frutería venderá 20 manzanas. El frutero sube el precio a $30. ¡Un escándalo! Hasta que nos damos cuenta que es la única opción que tiene de no cerrar su negocio.

Ahora generalicemos este ejemplo. La gente no compra libros -> los libros son caros. Así que la culpa de que los libros sean caros no es del estado, no es del sistema, es nuestra. En Argentina encontré un libro de Desmond Morris (famosísimo zoólogo inglés) a 14 pesos argentinos (unos $2.100). Por esa cantidad, uno no encuentra buenos libros ni siquiera en ferias artesanales.

Y eso es solo el principio. ¿Cuántas librerías hay en Chile? Librerías de verdad, grandes, surtidas, con gente que sabe de lo que habla trabajando dentro. La respuesta: pocas. La última vez que fui a Bariloche quedé sorprendido de encontrar cerca de 8 librerías en esa ciudad. Bariloche tiene 104.782 habitantes. Un cálculo rápido nos dice que, proporcionalmente, Santiago debería tener 414,4 librerías. ¿Nos acercamos remotamente a esa cifra? Si uno busca ‘librería’ en las páginas amarillas encuentra 93 resultados, de las cuales muchas son de útiles escolares y casas comerciales.

Sin contar todo el tráfico de libros pirata que existe en Chile y la nula regulación de descargas que permite obtener una cantidad ilimitada de libros, ¿es culpa del precio que el chileno no lea? Según una encuesta, cerca del 73% de los chilenos no comprarían libros si fueran más baratos.
Luego, de acuerdo a un sondeo de Adimark, 37,3% de los entrevistados no lee porque no tiene tiempo.

Me llama la atención ese comentario. Estudio una carrera que, al menos en teoría, es de las que más tiempo consumen que ofrece este país. Sin embargo, leo un libro a la semana y generalmente estoy leyendo dos simultáneamente. Mi polola estudia un doctorado y jamás la he visto tener que dejar de lado la lectura porque “no tiene tiempo”.

A pesar de eso, 68% de los chilenos ve televisión todos los días y el 98,9% de las personas con trabajo estable tienen un televisor en su casa (88,5% de los cesantes también tienen). La gente ve teleseries, películas, realities diariamente y no tiene tiempo para leer.

No tengo nada contra quien ve televisión todos los días o es una actividad importante en su vida, pero, ¿no preferirías tener un poco de libertad en la información que absorbes? Un programa de televisión está hecho por un productor que, sin ánimos de insultar a nadie, no brilla por su inteligencia. Por conceptos de lógica elemental, lo que produzca no va a ser ninguna obra maestra.

Un libro sin embargo, abarca todas las dimensiones del conocimiento existentes. Sea cual sea el tema, estilo o tipo de escritura, existe un libro que satisface dichas necesidades. A diferencia de la televisión, no es ver lo que el pelotudo de turno quiso crear si no las obras inmortales de personajes que trascienden en el tiempo con maestría de renombre y nombres tan sencillos como Victor Hugo.

Cualquiera que haya leído Farenheit 451 se podría dar cuenta de lo orgulloso que estaría Ray Bradbury de como representamos su obra.

domingo, 2 de enero de 2011

Eppur si muove


27 de febrero. Despierto un poco confundido por el ruido de las paredes. Retumba todo y me cuesta ponerme de pie por como se sacude el piso. Voy hacia un lugar seguro donde me encuentro con mi familia y espero a que termine. Así empezó todo.

El terremoto grado 8.8 de ese día marcó muchas cosas. Familias que quedaron sin hogar, muertos, desaparecidos y bastantes tragedias a nivel nacional. Sin embargo, hubo un suceso que llamó mi atención más que cualquier cosa ese día especial.

Tuve que acompañar a alguien a su casa y salí a comprar unas cuantas cosas, era un Chile diferente. Se veían unos cuantas huellas del terremoto: cosas caídas, casas resquebrajadas. Pero por sobre todas, el mundo se había detenido. No era el Santiago que dejé al acostarme el día anterior, era una ciudad nueva.

La gente caminaba con respeto, casi con delicadeza podría decirse. Los conductores eran más amables y prudentes de lo que jamás había visto. Recuerdo haber tenido problemas para cruzar una calle porque estaba muy cargado y darme cuenta como los autos esperaban a que pasara, pese a no tener la preferencia.

Y así siguió. Durante días la gente era extraordinariamente amable y solidaria. Ayuda de todo tipo en todas partes, servicios comunitarios colapsados por la cantidad de voluntarios. Incluso recuerdo como tuve que esperar varios días para poder donar sangre porque los bancos estaban llenos a reventar.

Fue una experiencia única, hasta un suceso hace unas pocas semanas me trajo de vuelta a la realidad. Estaba esperando una luz verde en un semáforo cuando aparece una ambulancia detrás mío. Subí el auto a la vereda para dejarla pasar y esta cruzó. Al momento de querer volver a la calle, el auto que venía detrás se tiró de manera de bloquearme el paso y pasar primero.

Ahí vino la pregunta: ¿Necesitas un terremoto para preocuparte por el resto?

Es una situación de emergencia donde reina el miedo y la preocupación. La gente está asustada y busca maneras de ayudar. ¿Por qué en otra circunstancia no se busca lo mismo? ¿Por qué tiene que ser una tragedia de caracter nacional lo que obliga a la gente a ponerse de pie y ayudar a quien lo necesita?

La voluntad de cada uno en esos días fue dejar todo lo que tenían por delante y ayudar al hermano, unirse bajo esa bandera embarrada y trabajar por sus vecinos, subirse a un bus y partir a construir una casa en un pueblo remoto, donar sangre, dinero, comida y ropa, tratar bien a cada persona que pasara cerca sin importar quien fuera.

¿Y hoy? Sé que no ha habido ningún terremoto importante en los últimos meses, ¿pero es eso lo que necesitamos? ¿Una tragedia? ¿Apoyo mediático? ¿Ser parte de ese grupo heróico que trabaja por los damnificados?

Cada vez que veo que alguien ignora a un mendigo, que estafa a sus empleados, que no cumple regulaciones de seguridad, que insulta a alguien en la calle, que maneja como un descriteriado y que básicamente trata pésimo a alguien sin que este lo merezca pienso siempre lo mismo: "Probablemente, era él quien se levantó a ayudar a un desconocido el día del terremoto sin que le pidieran ayuda."

Que triste es pensar que, a veces, las peores tragedias de la naturaleza son lo que saca lo mejor de nosotros.



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