
27 de febrero. Despierto un poco confundido por el ruido de las paredes. Retumba todo y me cuesta ponerme de pie por como se sacude el piso. Voy hacia un lugar seguro donde me encuentro con mi familia y espero a que termine. Así empezó todo.
El terremoto grado 8.8 de ese día marcó muchas cosas. Familias que quedaron sin hogar, muertos, desaparecidos y bastantes tragedias a nivel nacional. Sin embargo, hubo un suceso que llamó mi atención más que cualquier cosa ese día especial.
Tuve que acompañar a alguien a su casa y salí a comprar unas cuantas cosas, era un Chile diferente. Se veían unos cuantas huellas del terremoto: cosas caídas, casas resquebrajadas. Pero por sobre todas, el mundo se había detenido. No era el Santiago que dejé al acostarme el día anterior, era una ciudad nueva.
La gente caminaba con respeto, casi con delicadeza podría decirse. Los conductores eran más amables y prudentes de lo que jamás había visto. Recuerdo haber tenido problemas para cruzar una calle porque estaba muy cargado y darme cuenta como los autos esperaban a que pasara, pese a no tener la preferencia.
Y así siguió. Durante días la gente era extraordinariamente amable y solidaria. Ayuda de todo tipo en todas partes, servicios comunitarios colapsados por la cantidad de voluntarios. Incluso recuerdo como tuve que esperar varios días para poder donar sangre porque los bancos estaban llenos a reventar.
Fue una experiencia única, hasta un suceso hace unas pocas semanas me trajo de vuelta a la realidad. Estaba esperando una luz verde en un semáforo cuando aparece una ambulancia detrás mío. Subí el auto a la vereda para dejarla pasar y esta cruzó. Al momento de querer volver a la calle, el auto que venía detrás se tiró de manera de bloquearme el paso y pasar primero.
Ahí vino la pregunta: ¿Necesitas un terremoto para preocuparte por el resto?
Es una situación de emergencia donde reina el miedo y la preocupación. La gente está asustada y busca maneras de ayudar. ¿Por qué en otra circunstancia no se busca lo mismo? ¿Por qué tiene que ser una tragedia de caracter nacional lo que obliga a la gente a ponerse de pie y ayudar a quien lo necesita?
La voluntad de cada uno en esos días fue dejar todo lo que tenían por delante y ayudar al hermano, unirse bajo esa bandera embarrada y trabajar por sus vecinos, subirse a un bus y partir a construir una casa en un pueblo remoto, donar sangre, dinero, comida y ropa, tratar bien a cada persona que pasara cerca sin importar quien fuera.
¿Y hoy? Sé que no ha habido ningún terremoto importante en los últimos meses, ¿pero es eso lo que necesitamos? ¿Una tragedia? ¿Apoyo mediático? ¿Ser parte de ese grupo heróico que trabaja por los damnificados?
Cada vez que veo que alguien ignora a un mendigo, que estafa a sus empleados, que no cumple regulaciones de seguridad, que insulta a alguien en la calle, que maneja como un descriteriado y que básicamente trata pésimo a alguien sin que este lo merezca pienso siempre lo mismo: "Probablemente, era él quien se levantó a ayudar a un desconocido el día del terremoto sin que le pidieran ayuda."
Que triste es pensar que, a veces, las peores tragedias de la naturaleza son lo que saca lo mejor de nosotros.
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