miércoles, 23 de septiembre de 2009

Eco de hiel


Sentir es ver, un alma sensata por bien trastocada. Lucero que brilla sin fin ni consuelo, un halo de asombro que como engendro de infiernos no tiene lugar ni en este mundo ni en otros. Un dios primigenio que ha perdido su trono con el paso del tiempo, arrastrándose a gatas en busca de un último trozo de cordura al que asirse eternamente.

Es la historia de este sacrílego híbrido entre miedo y dolor. Creado en las entrañas del sinsentido, forjado por las manos iracundas de un odio antiguo y demoníaco. Criado en un plano concebido para la desesperación rodeado en el abrazo eterno de la misma savia del rencor.

Encerrado en su nueva jaula de cristal, la abyecta quimera busca cada sencilla hebra de cordura para quebrarla y dar paso a sus negros esbirros. Enraizándose hasta los más tristes rincones de su tortuosa morada, siembra las flores cuyos colores trastornan al caminante. Sin más satisfacción ni alimento que el grito agónico del amante enloquecido, se desgarra a si misma para causar un tierno flagelo en el desafortunado infeliz en que fija su mirada.

Creciendo y engordando como la infernal sanguijuela que es, drena hasta la última gota de inocencia del mundo en el que habita. Como una tosca daga espectralmente bella se hunde en la carne dejando brotar las pesadillas más retorcidas que la más enferma de las mentes podría llegar a concebir. Un nefasto ejército de infectos legionarios que buscan la miseria de cada palabra por la que valga la pena sonreír. Dejando a su paso nada más que el eco de un llanto incesante encerrado en un mundo de sal.

Te presento al más perfecto de los demonios, el genio demente capas de forjar el más satírico retrato del odio y el rencor.

Te presento mi locura.

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