
Ojalá el futuro fuera más que ese lento porvenir que se asemeja al tamborilear de la lluvia una tarde de otoño.
Gota a gota se va formando esa nebulosa imagen que nos cuenta un poco cómo será nuestro mañana. Un ligero susurro que nos revela una pequeña pista acerca del día que llega bañado en oscuridad e incertidumbre.
Sería todo tan drásticamente simple y horrorosamente aburrido de saber en parte lo que nos depara esta nueva jornada. Cada sonrisa venidera sería suavemente amortiguada por una que ya la estaba esperando. Una nueva relación que nace de algo tan burdo y sutil como un encuentro no acordado pasaría a un mero trámite del día que lentamente se escurre entre sus dedos. Una gran epifanía revelada de improvisto sería como un vil aprendizaje fijado en calendario.
Sorpresas que habrían cambiado nuestra vida aplastadas sin piedad para verlas morir sin triunfo ni gloria.
Que abstracta sería esta vida sin contar con la sorpresa de un mañana difuso.
Los problemas más graves de la vida no son los que uno espera encontrar en una fecha específica, si no los que cambian la ruta a recorrer cualquier martes por la tarde.
Vivir sabiendo la hora en que vendrá la muerte a rozar nuestra mejilla con sus curvos dedos daría a nuestras vidas la forma de un reloj de arena quebrado.
¿Qué sería de nosotros sin esta tragedia?
Destruir la sorpresa de encontrar una flor con colores diferentes.
Saber quienes serán las personas con las que podremos caminar hasta el fin de nuestros días.
Tener en la punta de la lengua el nombre que llevará nuestro hijo.
¿Qué sería del mundo sin esta comedia?
"Puede que mi vida sea la mejor de las comedias o tal vez sea una deleznable tragedia. Sea el caso que sea, por lo menos que llegue sin tocar."
Alazam
The wounded poet
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